El invierno de este año 2018 se está haciendo especialmente largo, mucho más de lo que las personas que hemos nacido a orillas del Mediterráneo estamos acostumbrados. ¿Nieve en el mes de marzo? ¿Cerca de los 0ºC en las noches de la capital barcelonesa? La primavera se está haciendo esperar, como todo lo que se puede tildar de 'realmente bueno'. Pero la meteorología no solo es caprichosa en estos tiempos, también lo ha sido anteriormente. De hecho, en Robert La-Rosa se vivió una situación que muchas personas de la capital catalana recuerdan con cara de estupor, la gran nevada del año 1962.

Como un cuento de los que se explican a los niños sobre la blanca Navidad, con sus muñecos de nieve y sus trineos, así amaneció la ciudad de Barcelona el día 25 de diciembre de 1962. El frío calaba en los huesos y las caras de sorpresa eran una constante entre los más atrevidos que salían a las calles con guantes, bufanda, gorro, y en muchos casos, una pala bien grande para quitar la nieve que les impedía salir de sus hogares. Unos 50 centímetros de nieve cubrieron las principales avenidas de la ciudad, preservándose durante varios días puesto que la festividad del mismo día y el peligro que significaba salir a la calle en coche hizo que la nieve permaneciese intacta durante más tiempo. No obstante, no se salvó de los juegos de los niños, ni de las ganas de disfrutar de esta situación tan anómala por los más atrevidos, que se calzaron sus esquís dispuestos a bajar por las Ramblas esquiando hasta Colón como si estuviesen en el mismo Baqueira-Beret. Cabe decir también, que no todo fue divertido y excitante, puesto que numerosos vehículos también quedaron atrapados en la nieve, entre ellos mujeres embarazadas que acudían al hospital o personas enfermas. Además, el aeropuerto del Prat tuvo que permanecer cerrado durante cuatro días. Las personas mayores afirman que Barcelona tardó prácticamente un mes para recuperarse de los desperfectos ocasionados ese 25 de diciembre que muchos no olvidarán, entre ellos Robert La-Rosa. El mismo Robert, para aquél entonces un niño, se dispuso a ayudar a su familia y a quitar la nieve de la entrada de la ya conocida tienda de iluminación Robert La-Rosa que aquél día, más que nunca, iluminó una blanca Navidad.